La neuroplasticidad, o
plasticidad cerebral, es la explicación científica de esta realidad. Es decir, la
explicación de lo que sucede en nuestro cerebro cuando nos esforzamos y
trabajamos. Este mecanismo opera de varias formas, unas veces a un
nivel de conexión simplemente, otras veces pueden ser generadas, otras
eliminadas y su efectividad puede moldearse sobre la base de la información
procesada e integrada por el cerebro. Lo que se denomina “huella”
generadas por el aprendizaje, serían provocadas por estas modificaciones. El
cerebro es capaz de modificarse a través del reforzamiento, el crecimiento, el
debilitamiento y la eliminación de conexiones neuronales existentes. Su plasticidad
funciona a través de toda la vida y logra sustentar el aprendizaje, razón
suficiente para sostener que el ser humano tiene la capacidad de aprender en
cualquier etapa de la vida hasta una edad avanzada. Koizumi (2004), señala que
la plasticidad se puede clasificar en dos tipos: por una parte, la denominada
expectante a la experiencia o la plasticidad expectante, que describe la
modificación estructural de inclinación genética del cerebro en la vida
temprana y la plasticidad de la experiencia que describe la modificación
estructural del cerebro como resultados de la exposición a ambientes complejos
durante la vida. La experiencia modifica nuestro cerebro continuamente
fortaleciendo o debilitando las sinapsis que conectan las neuronas, generando
de este modo, el aprendizaje que es favorecido por el proceso de regeneración
neuronal llamado neurogénesis.
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